viernes, 15 de noviembre de 2013

Heartbreak Hotel

   Habitación 4. Un hombre se mira frente al espejo. Habitación 48. Un adolescente llora desconsolado en la cama. Habitación 15. Un nene y una nena se miran desde rincones opuestos. Habitación 23. Una mujer el tira un jarrón a su marido. El marido no hace nada para esquivarlo. Habitación 9. Un hombre gordo coge con una mujer. La mujer tampoco hace nada para esquivarlo. Este es el Heartbreak Hotel, donde las almas errantes vienen cuando se hartan de buscar consuelo. Bienvenido.
   El hombre me mira, desconcertado. Los ojos rojos de haber llorado, la cara pálida de tanto buscarse. Con cierta angustia, le doy una llave. Me mira, la mira, me mira, y se va. Lo sigo con la vista hasta que llega a su habitación. No vaya a ser cosa que se pierda en el camino. Pienso en por qué tiene que ser con cierta angustia. Por qué no le puedo dar la llave con cariño, compasión, optimismo, o incluso admiración. Me acuerdo que si sigo pensando tanto voy a terminar pidiendo una llave yo.
   El día pasa, la gente va y viene; aunque son siempre más los que vienen. El hotel se va llenando. De a poco, no tenemos ningún apuro. A veces trato de imaginar qué hicieron para llegar acá. Heridas sentimentales, dice mi gerente. Entiendo si es que se trata de una ruptura o un corte. Pero, ¿dónde están los moretones sentimentales? Los golpes, las quemaduras, los esguinces, las mutilaciones no se traducen a las dolencias del alma. Estos días estoy tratando de no imaginar mucho.
   Termina mi turno y me preparo para volver a mi casa. No será el mejor trabajo, pero paga bien y aprendo mucho. A esta altura ya sé todo lo que no hay que hacer en una relación. Llego, pero la puerta no abre. Forcejeo, pero no funciona. Sin saber qué hacer, decido a un bar, a ahogar las penas. Mi vida no es particularmente agitada como para tener penas propias, pero tal vez si tomo lo suficiente puedo ahogar un par de penas ajenas. Mal no vendría, que el hotel se está llenando y hay cada vez menos habitaciones disponibles. Hace falta más amor, dicen algunos. Yo diría que sobra.
   Pero claro, ¿cómo voy a tener penas si no tuve nadie que me las cause? A menos que mis penas sean auto infligidas. Un masoquista sentimental. Aunque sea no tendría que ir al Heartbreak Hotel. ¿Cómo me van a romper el corazón si nunca tuve uno sano para empezar? Me pregunto si hay otro hotel más indicado para gente como yo. Supongo que habrá otras instituciones que no sean hoteles. Pero no sé, me gustan los hoteles.
   Termino mi segundo trago. Trato de recordar si alguna vez fui feliz. Me olvido de acordarme. Me acuerdo de olvidarme. Me acuerdo de acordarme. Me olvido de tomarme. Tomo.
   Pasado el cliché del borracho triste, decido salir a caminar. Prefiero ser un vagabundo triste, así aunque sea hago ejercicio y me cuido el hígado. Trato de entender a los huéspedes. ¿Por qué siguen buscando el amor, después de lo que les hizo? Es más, ¿por qué lo buscaban, incluso antes de que les hiciera algo? ¿Qué tiene de interesante el amor? ¿Qué es sino una suma de amistad, afecto, contacto, y otras cosas que se pueden conseguir sin tanto lo que sea que es esto? Puede ser que sea la sinergia de todo eso junto. Puede ser que hay que arriesgar para ser recompensado. Había dicho que basta de clichés.
   ¿El amor es una conexión especial entre dos personas o es una construcción que se fortalece a través del tiempo siempre que haya un mínimo de atracción y comprensión? Si fuera el primer caso, entonces no hay por qué sufrir, simplemente se podría aceptar que la conexión no era ideal y listo. Química, destino, almas gemelas, etc. Y si fuera el segundo caso, entonces simplemente podrían apreciar lo que fue por eso y nada más, y pasar a la siguiente construcción. Pero no parece pasar. Tal vez lo que buscan es el sufrimiento y no el amor. Pero, habiendo formas tanto más simples de sufrir, ¿por qué complicarse tanto? Tal vez sean simplemente personas que buscan el desamor como sustento de vida. Tal vez ingresan al hotel porque se dan cuenta de que el desamor es el estado en el que quieren vivir y aceptan quedar trabados así por siempre. Tal vez así sea más fácil. Pero, ¿en dónde está la vida si no está en la lucha? En ese intento de seguir adelante es donde se busca la forma de llegar a la felicidad. Tal vez lo mejor sería no luchar, dejarse llevar, no pensar tanto. Además no sé qué tiene de interesante ser feliz. Y peor aún, qué se hace cuando se lo consigue.
   Sin que me dé cuenta, la noche se va haciendo de día. Vuelvo al hotel, mi turno está por empezar. Meto mi mano el bolsillo. Saco la llave. Número 45. Mi reemplazo me mira con angustia. Este es el Heartbreak Hotel, donde las almas errantes vienen cuando se hartan de buscar consuelo, me dice. Bienvenido.

domingo, 4 de agosto de 2013

Obsolescencia programada

En el 2090, el laboratorio Tlomek crea un clon humano: un adulto de 30 años. Pero, por error, le dan la memoria de un hombre del 2010. Al notar el error, deciden deshacerse de él: lo tiran en el basurero de la ciudad y despiden al empleado que causó el problema. Pero este clon despierta, pensando que realmente vivió durante el 2010, sin saber que su memoria fue implantada. No sabe cómo llegó allí; su única pista es un tatuaje en su brazo que dice “Tlomek”. Con cuidado, escapa la seguridad del basurero y es libre en una enorme ciudad que le es desconocida. Empieza a preguntarle a la gente en la calle si sabe que es Tlomek. La mayoría parece repugnada por el simple hecho de la interacción. Los pocos que le dirigen la palabra lo hacen lo hacen con disgusto. Y ninguno parece saber que es esa palabra. Con el tiempo la repetición lo empieza a desesperar. Le agarra hambre. En ningún lado se ve a gente comiendo. No hay restoranes, ni bares, ni quioscos. Le pregunta donde puede encontrar alimento o abrigo a una señora, quien lo ignora. Luego ve que esa señora está hablando con unos policías, señalándolo. Los policías empiezan a caminar en su dirección. Un hombre le agarra la mano y le dice que lo siga. El clon acepta. Entran por una puerta justo al lado de donde estaban. El hombre es quién había creado al clon, pero no lo dice. Este hombre le explica sobre la modernidad, el estado de la civilización. Le comenta que, por un tema de respetar la privacidad individual, la gente ya no tiene actividades al exterior, como comer o juntarse. El afuera es solo un medio para ir de un interior a otro interior. Y la policía no tiene derecho a ingresar a la propiedad privada, sin excepciones. Este hombre dice que se llama John. Y que sabe qué es Tlomek. Pero lo va a ayudar solo a cambio de un favor. John y el clon tienen relaciones. Al día siguiente, John le cuenta la verdad, y, a pesar de que el clon no le cree del todo, se van al laboratorio. Pero está vacío, abandonado. Sin saber qué hacer, vuelven a la casa de Paul, donde tienen charlas filosóficas viendo como cambió el mundo desde el 2010. John le muestra una pistola del 2010 que tiene, como réplica, pero que todavía funciona. Y hablan de cómo cambió la violencia. El clon no acepta su identidad, y le confiesa que prefiere creer que estuvo congelado por 80 años o que viajó en el tiempo, porque si no, no sabría quién es; incluso a pesar de los errores de su vida que le pesan. John le dice que, sea quien sea, tiene la posibilidad de empezar de nuevo, de hacer las cosas bien. Al ver la reacción del clon, John no vuelve a mencionar al laboratorio. En cambio, empieza a educarlo para que pueda integrarse a la nueva sociedad.  Esa noche vuelven a dormir juntos. Todo el día siguiente se la pasan hablando, conociéndose. Hasta que, el clon termina enamorado de John. A la madrugada siguiente, el teléfono suena. El clon se despierta solo. Un desconocido le dice que sabe que estuvo averiguando sobre Tlomek, y que lo encuentre solo donde solía ser el laboratorio. Al principio el clon se niega, dice que está satisfecho con su vida como es. Pero la curiosidad le gana y se va, sin despertar a John. El hombre con quien se encuentra le dice que John tiene razón, que él es un clon. Y lo lleva al nuevo laboratorio, donde el clon ve varias replicas de sí mismo flotando en liquido amniótico. Asustado, el clon vuelve corriendo a la casa. En el laboratorio, el hombre habla por teléfono, comunica a alguien que el tema del clon está resuelto. El clon encuentra a John en la casa y le dice que no tiene otra que creerle. Y agarra la pistola. Le explica que lo que lo definía como persona eran sus errores. Gracias a los errores, el había podido adaptarse, cambiar. Si ellos eran falsos, todo era falso. John trata de convencerlo que juntos crearon una nueva persona distinta, pero real. John le confiesa que está enamorado. El clon lo mira a los ojos, llorando y se pega un tiro.

sábado, 13 de julio de 2013

Head III


No me mires. No estoy, no me mires. Soy fondo soy fondo soy fondo. Acá no. ¿Ves? No estoy. Fijate. Observame, examiname, acaríciame. No, no me toques, no estoy. No soy. ¿Soy o no soy? No, no soy. A veces estoy. Hoy no. Si te acercas, me voy. Si preguntas, yo soy. Si es que soy. Por favor, tocame. No podés. ¿Ves? Estoy muerto. Tocate. ¿Estás muerto? Yo lo estoy. Pero no estoy. Yo te veo. Te veo y no me ves. No me mires. Te veo ahí. Te veo mirándome. ¿Por qué me mirás? ¿Qué atractivo tengo? Yo no atraigo. Yo distraigo. No te distraigas. No me mires. Seguí. Seguí que vas bien. No, para acá no. Si venís para acá, morís. Como yo. No, yo no. Yo soy fondo. Yo soy el fondo que te mira. No hago nada, pero te miro. ¿Qué atractivo tenés? ¿Por qué te miro? No te quiero mirar, te odio. No me odies. Te veo. Si te veo, no me odias. Si me odias, te vas. Pero te quedás. ¿Y si nos vamos? ¿Adónde vamos? Yo no voy, estoy muerto. Yo no estoy, estoy muerto. No me ves, porque estoy muerto. Pero si estoy muerto, ¿por qué no nos vamos? Tal vez porque te atraigo, o porque me atraes. Pero si los dos somos feos. No somos atractivos. Mejor no somos. Seamos, por favor. Te lo suplico. Tocame. Acariciame. Pero no me mires. Cuando seamos, nos vamos. No repitamos. Ya fuimos. ¿Te acordás? Que horrible que era ser. ¿Te acordás? Yo me acuerdo como si fuera ayer. Fue ayer. Fue hoy. Es hoy. ¿Te acordás? ¿Y si morimos? ¿Y si no? Yo quiero morir. O, aunque sea, vivir. Vivamos. O no. Pero juntos. Vos y yo. No, vos no. Yo tampoco. Yo no soy. Yo soy fondo. Soy fondo, soy fondo. El fondo es yo. El fondo es atrás. Yo también. ¿Vamos? No puedo, soy fondo. ¿Ves? Soy fondo soy fondo. Lo que más quiero es ser. No fondo, no. Yo. Soy fondo soy muerte soy yo somos yo seamos ya por favor tocame y se y somos y vamos. No estoy, me fui. ¿Ves el fondo? Yo no soy fondo. Yo soy yo. A veces soy fondo, pero hoy no. Hoy estoy. Acá. ¿Vamos?


El matón

1. INT. CASA DE JAVIER. DIA.

JAVIER (25) fuma un porro tranquilo. Un MATON tira la puerta de la casa de una patada. Le apunta a JAVIER con una pistola. JAVIER se asusta y levanta las manos con el porro en la derecha. Lo deja caer. El MATON le pega una piña a JAVIER que cae al piso. El MATON lo amordaza con una cinta, le ata las manos con una soga y lo sienta en una silla de madera.

MATON
¿Dónde está Chacho?    

JAVIER trata de gritar, pero la mordaza no lo deja. El MATON le pega en la cara. JAVIER empieza a sollozar.

MATON
(rígido)     
¿Dónde está Chacho?    

JAVIER niega con la cabeza. El MATON le saca la mordaza.

JAVIER
(grita y llora)   
¡No se! ¡Te juro que no se!

El MATON se prende un cigarrillo.

MATON
No te hagas el gil.    

JAVIER llora a moco tendido. El MATON le apaga el cigarrillo en el brazo. JAVIER grita de dolor. Sus lágrimas se mezclan con sus mocos y con la sangre.

MATON
¿Me vas a decir?  

JAVIER
¡No conozco a ningún Chacho!
 ¡En serio!  

El MATON lo mira fijo y luego sale de la casa a paso lento. JAVIER no lo ve, pero lo escucha.

MATON (en off)
No está cediendo.
¿Qué decís que haga?   

JAVIER se estremece al escuchar estas palabras. Mira para abajo y mira a la puerta. Asustado, se levanta y sale corriendo hacia la puerta.


2. EXT. CALLE 1. DIA.

JAVIER, con la cara demacrada, rompe la soga que lo ata contra una reja afilada.


3. EXT. VEREDA DE ENFRENTE DE LA CALLE DE JAVIER. DIA.

JAVIER camina sigilosamente. Ve que el MATON está en la puerta de su casa, parado. JAVIER da media vuelta y se va.


4. EXT. CALLE 2. ATARDECER.

JAVIER merodea por la calle. Patea una piedra. Mira al sol poniente.


5. EXT. PLAZA. NOCHE.

JAVIER se acuesta en el borde de una fuente abandonada, con agua estanca y cierra los ojos.


6. EXT. PLAZA. NOCHE.

JAVIER se despierta para ver a un HOMBRE MISTERIOSO (30) que lo mira. El HOMBRE MISTERIOSO tiene un sobretodo y un sombrero negro.


7. EXT. PLAZA. DIA.

CESAR (45), un hombre gordo y serio, con un bigote, despierta a JAVIER, que lo mira somnoliento. Las heridas de JAVIER sanaron un poco.

CESAR
¿Vos sos Javier?  

JAVIER se incorpora.

JAVIER
(confundido) 
Si, soy yo.  

CESAR le entrega un paquete negro.

CESAR
Nos vemos en una semana,   
acá a la noche.   

CESAR da media vuelta y se va. JAVIER abre el paquete, donde encuentra cocaína. Mira para un lado y para otro y guarda el paquete.


8. A. EXT. CALLJON OSCURO. NOCHE.

JAVIER le da una bolsita a un DROGADICTO a cambio de plata. JAVIER la guarda en un fajo.


9. INT. RECEPCION DE UN MOTEL. NOCHE.


JAVIER le da plata a una RECEPCIONISTA a cambio de una llave. JAVIER mira a su alrededor y ve el motel sucio y destartalado.


10. A. EXT. PLAZA. NOCHE.

JAVIER mira donde había dormido. Llega CESAR.

CESAR
¿Cómo te fue, pibe?    
JAVIER sonríe.

CESAR
Mira, la cosa es así.
 Esa bolsa fue gratis,
 pero a partir de ahora,
 me vas a dar la mitad de
 lo que conseguís por bolsa.

CESAR le da dos bolsas. JAVIER asiente.


SECUENCIA DE MONTAJE:

- 8.B. EXT. CALLEJON OSCURO. NOCHE JAVIER intercambia una bolsa más grande por más dinero. Lo guarda en un fajo más grande.

- 10.B.EXT. PLAZA. NOCHE. JAVIER le da plata a CESAR, que le da tres paquetes.

- 8.C.EXT. CALLEJON OSCURO. NOCHE JAVIER les da dos bolsas a dos drogadictos. Guarda la plata en una billetera.

- 10.C.EXT. PLAZA. NOCHE. JAVIER le da una un rollo de plata a CESAR, que le da un paquete enorme.

- 11. INT. HABITACION DE MOTEL. NOCHE. JAVIER está sentado en la cama en una habitación pequeña y sucia.

- 12. INT. HABITACION DE HOTEL. NOCHE. JAVIER está sentado en la cama de una habitación mediana y limpia.

- 13. INT. HABITACION DE HOTEL LUJOSO. NOCHE. JAVIER está sentado en la cama de una habitación grande y pulcra.

FIN SECUENCIA DE MONTAJE


14. EXT. CALLEJON OSCURO. NOCHE.

JAVIER le da una bolsa a un JOVEN. El JOVEN saca un arma.

JOVEN
 Dame todo o te ligas  
 un corchazo. Gil. Dale.   

JAVIER le da un fajo de plata. El JOVEN sale corriendo.


15. INT. HABITACION DE HOTEL LUJOSO. DIA.

JAVIER camina impaciente por su dormitorio. Se lleva las manos a la cabeza. Mira una bolsita de cocaína en una mesa, que tiene un poco derramado sobre la superficie. Corre la mirada.


16. EXT. FACHADA DE HOTEL LUJOSO. DIA.

El HOMBRE MISTERIOSO, desde la vereda de la fachada, mira hacia arriba.


17. INT. HABITACION DE HOTEL LUJOSO. DIA.

JAVIER vuelve a mirar la bolsa. Se acerca, hace una línea con una tarjeta de crédito y la toma con un billete enrollado.


18. EXT. CALLEJON OSCURO. NOCHE.

JAVIER compra cocaína del DROGADICTO.


19. EXT. PLAZA. NOCHE.

JAVIER hace una línea en el borde la fuente y la toma. Llega CESAR. JAVIER disimula y se limpia la nariz. Ninguno hace nada.

CESAR
¿Qué estás esperando?  

JAVIER
Me robaron la plata.   

CESAR lo mira fijo.            

JAVIER
  Pará. No me sacaron la merca.
Todavía tengo los paquetes.

CESAR
 Eso pasa cuando confundís
 vender con falopearte.    

JAVIER mira para abajo.

CESAR
Todavía me debés la guita.
       La quiero ver toda en una semana.
     Me llegás a cagar y sos boleta.


20. EXT. CALLE 3. NOCHE.

JAVIER camina enojado.

JAVIER
¿Quién se cree ese forro?
 Ya a ver qué le pasa por 
 subestimarme. ¿Yo soy boleta?
 ¿Yo soy boleta? ¡Já!


21. EXT. CALLEJON OSCURO. NOCHE.

JAVIER le compra una pistola a un DELICUENTE.

21. INT. DORMITORIO DE HOTEL LUJOSO. DIA/NOCHE.

Hay 10 líneas en la mesa. La luz del día y la noche van cambiando y se reflejan en la mesa. Las 10 líneas van desapareciendo una a una a medida que pasa el tiempo.


22. EXT. PLAZA. NOCHE.

JAVIER se esconde en unos arbustos y espera. CESAR llega. JAVIER sale corriendo y gritando.


JAVIER
¡Tomá hijo de puta!    

JAVIER apunta a CESAR con la pistola y dispara, pero la pistola se traba. CESAR lo mira sorprendido. Lo agarra y lo caga a piñas. Lo tira en la fuente y le sumerge la cabeza en el agua. JAVIER se retuerce. CESAR espera hasta que el cuerpo queda quieto. Desde un tejado, el hombre misterioso mira la situación y sonríe.


HOMBRE MISTERIOSO
     Orgullo, definitivamente mi      
        pecado favorito.                    

no name

        Los seres deambulan por el mundo, perdidos. No porque no sepan adonde están, sino porque no saben adónde van. Merodean sin rumbo, se chocan entre sí. No se disculpan, porque no se ven. ¿Por qué no se ven?
        Insomnes, no se dan cuenta de que son todos iguales. Somos todos iguales. O tal vez si nos damos cuenta, y conscientemente buscamos ese choque. El roce nos hace sentir implicados, el tacto del otro nos hace darnos cuenta de uno.  Y la realización de uno nos hace pensar en el otro. El otro que también nos choca, porque también está solo. Y solo al estar, nos choca. 

Habitacion 9

1. INT. PASILLO / HABITACIÓN 9. NOCHE.

El número de la puerta es el 9. Vemos por la cerradura una habitación sencilla. Por la cerradura entramos. Las paredes tienen manchas de humedad y la cama no parece nada cómoda. MARY (20) se mira al espejo. Es linda, pero no mucho. Tiene puesto un camisón con algunos agujeros. Al lado de su cama hay una valija abierta con pocas prendas de ropa. MARY la mira, y vuelve a mirarse al espejo.


2. INT. HABITACION DE RICK. NOCHE.

La habitación es bastante grande. Tiene una alfombra y las paredes están tapizadas. RICK (45), un hombre gordo, está sentado sobre su cama doble. Mira un calendario en la pared en frente suyo. Se levanta y camina hacia la puerta.


3. INT. HABITACION 9. NOCHE.

MARY revuelve la ropa de su valija. Encuentra un vestidito simple pero bonito. Se saca el camisón. No tiene corpiño, y su bombacha no está en buen estado. Se pone el vestido. Le queda bien. Se mira de perfil. Da una vueltita. Se ve y sonríe.


4. INT. PASILLO. NOCHE.

RICK camina cansado por el pasillo. Sus pasos retumban por el peso. RICK se rasca la cola de forma poco disimulada. Llega a la habitación 9.


5.A. INT. HABITACION 9. NOCHE.

MARY se empieza a sacar el vestido. RICK toca la puerta, pero MARY no escucha. Se escucha a RICK reclamando que MARY está atrasado con el pago del alquiler. MARY tiene el vestido por la cintura. RICK entra. MARY se cubre las tetas con las manos. RICK la mira de abajo para arriba. MARY, asustada, le dice que salga. RICK le pregunta si tiene la plata. MARY niega. RICK se acerca y le reprocha que tiene varios meses atrasados. MARY dice que se vaya, que se los va a conseguir para el día siguiente. RICK se acerca más y dice que no le cree. RICK la empuja en la cama. MARY se asusta. Empieza a gritar cuando RICK se saca el cinturón.


SECUENCIA DE MONTAJE

FONDO BLANCO MARY llora.

5.B. INT. HABITACION 9. NOCHE. MARY, está arrinconada contra la pared. Está desnuda, pero está en cuclillas y no se le ve nada. RICK se pone en frente suyo y tapa toda la luz.

FONDO BLANCO. MARY grita, pide auxilio.

FLASHFORWARD. 6. EXT. CALLE. AMANECER. MARY camina por la calle descalza. Tiene el maquillaje corrido, varios moretones y marcas de cortes en la cara y en los brazos.

FIN FLASHFORWARD

FONDO BLANCO. RICK gruñe periódicamente.

5.C. INT. HABITACION 9. NOCHE. Se ve a MARY de costado, llorando, con las manos contra la pared.  Recibe un empujón con regularidad. MARY lanza un gemido con la misma regularidad. Sus tetas se mueven al ritmo del movimiento de su cuerpo.

FONDO BLANCO. Los gritos de MARY se escuchan amortiguados, como si tuviera algo en la boca.

FLASHFORWARD 7. INT. ESTACION DE POLICIA. AMANECER. MARY llora en frente de unos policías. No se escucha nada. Ellos se ríen entre sí.

FIN FLASHFORWARD

FONDO BLANCO. Se escucha una bragueta que se sube.

FIN SECUENCIA DE MONTAJE

  
8. INT. HABITACION 9. NOCHE.

RICK le saca una media de la boca a MARY, que solloza en un rincón. RICK se toma un whiskey. Le sirve uno a MARY y le dice que se van a ver en un mes. MARY toma todo el whiskey de una, sin dejar de sollozar.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Nighthawks


La violencia es el último refugio del incompetente.
                           -Isaac Asimov   

Noche 1
                Todo empezó aquella noche. Como todas las noches, yo llevaba a mi hijo desde el colegio a la casa de su madre. Ella y yo nos habíamos separado hace años. Habíamos quedado en que ella tenía a Martín lo días de semana y yo los sábados y domingos. Pero como ella no podía buscarlo de la escuela, yo aprovechaba para poder pasar con él los 40 minutos que tardábamos en llegar a lo de mi ex mujer. Nosotros vivíamos en un pueblo relativamente grande, en el cual el invierno, a pesar de no ser especialmente frío, tiene días muy cortos y noches muy largas. Cuando mi Martín salía del colegio ya era de noche. Siete años no es edad para que un nene ande solo por la oscuridad, a pesar de que en el pueblo no hubiera mucha inseguridad. Aparte él podría haberse perdido; aunque era inteligente y muy curioso, mi hijo era bastante distraído y muchas veces se quedaba colgado en su mundo. Justamente recuerdo que esa noche iba caminando callado, sin apartar la vista del cielo.
– Está linda la noche, ¿no? – le pregunté.
                Él reaccionó abruptamente y me miró, como si mis palabas lo hubieran sacado de un trance. Miró fugazmente las estrellas e indagó:
– Pa, ¿de dónde vienen las estrellas?
                Con mis pocos conocimientos sobre el tema, empecé a intentar explicarle la teoría del Big Bang.
                Al poco tiempo me interrumpió la visión de una mujer que no conocía (yo conocía más o menos a un cuarto del pueblo, así era común que hubiera desconocidos). Esta mujer me llamó la atención de una manera que me extrañó. La calle estaba poco iluminada, pero pude ver que no era particularmente linda ni particularmente joven. Sin embargo había algo de ella que me atraía enormemente. Nos cruzamos, pero ella ni me notó. Creo.
                Mi hijo no la vio, o no pareció verla. Se interrogó el por qué de mi repentina interrupción, pero cuando retomé con la explicación estelar, se contentó sin hacer muchas preguntas.

Noche 2
                La noche siguiente, Martín me dijo que había disfrutado la charla educativa, y me preguntó si podíamos aprovechar la caminata para que le explicara de dónde vienen los bebés, porque la madre siempre le salía con la historia de la cigüeña y él ya no le creía. Yo siempre había pensado que cuando tuviera que explicarle la reproducción lo haría de la forma más cercana a la realidad posible, pero sin darme cuenta me encontré hablándole de cómo papá le ponía las semillitas en la panza a mamá, metáfora que me pareció demasiado gráfica y poco informativa. Parece que estaba distraído, supongo que esa mujer me había causado una gran impresión y creo que esperaba verla de nuevo. Mi deseo no tardó en cumplirse, y mientras le contaba al nene cómo una de las semillitas se desarrollaba y se convertía en un bebé, la mujer apareció de nuevo. Esta vez en una calle más iluminada, así que pude verla mejor.
                En efecto, como había pensado antes, no era su belleza lo que me atrajo. Era algo más, algo más profundo. La mujer, cuyo nombre hasta el día de hoy desconozco, usaba un vestido negro, largo hasta las rodillas. Tenía el pelo marrón, la tez normal tirando a pálida y los ojos oscuros, con una mirada intensa. Mediría un metro sesenta y cinco, era flaca y caminaba con soltura y seguridad.
                Esta vez sí se percato de mi existencia; cuando nos cruzamos me miró y me sonrió. Nunca voy a poder olvidar esa sonrisa. Fue en ese momento que me di cuenta de que algo andaba mal. Esa sonrisa me aterró como nada lo había hecho hasta ese momento. Esos dientes perfectos y malditos quedaron grabados en mi retina. De más está decir que sentí escalofríos y el corazón me subió hasta la garganta.
                Mi hijo, en cambio, le devolvió la sonrisa como si no pasara nada, porque tal vez para él no pasaba nada, pero no para mí. Yo lo sentí.

Noche 3
    Desde que la mujer se me cruzó por primera vez, no pude dormir; y se me empezaba a notar el insomnio. Cuando mi chico me dijo que la madre estaba teniendo problemas con unos árboles en su casa y que quería que el día siguiente llevara algo para cortarlos, a penas lo escuché. Mi mente estaba abstraída, pensando en ella, en cuándo la vería, en qué calles me la cruzaría. El invierno se empezaba a notar. Temblando, el nene me preguntó:
– ¿Por qué hay días que hace más frío que otros?
– Sí, hace frío – respondí.
                Pensaba que verla me haría salir del estado en que me encontraba, pero cuando la vi quedé más hipnotizado que antes. Estaba igual que el día anterior, mismo vestido, mismo peinado. Esta vez habló. Creo que me preguntó la hora. No sé si le respondí.
                Al pasar al lado mío, mi brazo rozó el suyo. Era frío como el miedo. Esta vez mi hijo notó mi reacción y me preguntó si me sentía bien. Le dije que sí, no sé si me creyó.
                Después de haberlo dejado en lo de su madre, pensé que como sabía que no iba a poder dormir, a lo mejor podía aprovechar la noche. Tenía que averiguar quién era esa mujer, y el único que seguramente sabía era Joe.
                Joe era un gringo que había llegado a este pueblo como resultado de un viaje a dedo por el país. Se había enamorado de una chica y había decidido quedarse a vivir acá. Había abierto un mercado, y así empezó a conocer a todos los pueblerinos, porque tenía los mejores productos y todos compraban ahí. Cuando mi mujer me dejó, él fue quien más me cuidó y nos habíamos hecho amigos. Aunque ya no nos hablábamos tanto, seguía considerándolo uno de mis pocos amigos.
                Me sorprendió que no se enojara cuando lo desperté en el medio de la noche preguntándole por la mujer del vestido negro; pero él era así, siempre amable. Y más me sorprendió que no supiera quién era esta mujer, a pesar de ubicarla de cara. Lo único que sabía era su dirección porque una vez ella había hecho una compra pesada y él la había ayudado a cargarla a su casa. No sé porque, pero saber su dirección me calmó. Incluso pude dormir un par de horas.

Noche 4
Esta vez iba un poco más tranquilo, porque no solo sabía su dirección sino que me había acordado de que Martín me había pedido que lleve algo para cortar árboles. Un hacha me pareció la herramienta indicada.  Me sentía más seguro. El que no estaba tan seguro era mi hijo, que supongo que algo había notado en mí, e iba callado sin hacer sus preguntas.
                Sin embargo, toda esta ilusión de seguridad se rompió cuando ella volvió a aparecer, igual que siempre, imperturbable, eterna.
                Sentí que éramos viejos conocidos y ni siquiera sabía su nombre. Ella caminaba hacia nosotros con determinación. Se acercó y se agachó mirando al chico, como si fuera a hablarle. Se puso entre él y yo, así que no veía lo que hacía, pero de repente escuché a mi nene gritar como nunca lo había escuchado antes. Había tanto miedo en su voz que cuando la mujer salió corriendo la perseguí, sin saber por qué ni qué le había hecho a mi hijo, pero con un deseo imparable de vengarlo.
                Ella no corría rápido y estaba por agarrarla, pero me tropecé y me doblé el tobillo. Con una ira que me explotaba, la vi huir, impotente. Rengueando, volví para ver qué le había hecho a mi varón. El pobre estaba tirado en el piso, gimiendo. Tenía lágrimas en los ojos y sangre todo alrededor. Y ahí vi que le faltaba un trozo de brazo, como si alguien se lo hubiera mordido.

Noche 4 (bis)
                No me acuerdo bien que pasó entre que vi a mi hijo en ese estado y llegué a la casa de esta maldita mujer. Recuerdo solo fragmentos, como llamar a la ambulancia, dejar al nene tirado ahí cuando todavía no había llegado la ayuda para poder vengarlo cuanto antes y salir corriendo; con la adrenalina haciéndome ignorar el tobillo doblado y la furia haciéndome ignorar los gritos desesperados de mi hijo, que no quería que lo dejara solo.
                Lo que sí recuerdo perfectamente, es cuando llegué a su casa. Estaba transpirando odio, cegado por la ira y con el hacha en la mano. La puerta estaba medio trabada, pero cedió tras un par de empujones. Entré y vi a un hombre vestido únicamente con una remera sucia y un calzoncillo, con pelo y barba que no habían sido cortados por mucho tiempo y cara de no recordar cómo era la luz del sol. Llevaba un cuchillo grande en la mano, del mismo modo como yo agarraba mi hacha. El hombre aprovechó la puerta abierta y huyó despavorido, cerrando la puerta detrás de él. La puerta no abría y el cuarto tenía olor a encierro.
                Me di vuelta y la vi, mirándome con esa sonrisa diabólica que me aterrará para siempre. En ese momento supe que ya nunca podría salir de esta habitación.